En los últimos años, China ha puesto en marcha un ambicioso modelo de desarrollo rural que integra tres pilares fundamentales: las aldeas digitales, la agricultura verde y el bienestar de los agricultores, transformando la vida en el campo y sentando las bases para una modernización agrícola sostenible a largo plazo. Este enfoque integrado reconoce que el progreso rural no depende únicamente de la producción o la tecnología, sino de la coordinación entre innovación digital, prácticas productivas respetuosas con el medio ambiente y mejoras reales en la calidad de vida de las comunidades agrícolas.