Chile se ha consolidado, en las últimas décadas, como uno de los principales líderes agroexportadores de América Latina, posicionándose como proveedor clave de frutas, hortalizas, vinos y productos forestales en mercados exigentes como Estados Unidos, Europa y Asia. Con una estructura productiva diversificada, ventajas climáticas únicas y cadenas logísticas eficientes, el país enfrenta un nuevo ciclo comercial con proyecciones positivas hacia 2026. Entre los cultivos con mayor potencial de expansión y alto valor agregado, los arándanos (berries) resaltan como el cultivo con mayor proyección de crecimiento en agroexportación para 2026 en Chile, seguido de cerca por otras frutas de alta demanda internacional como uvas de mesa, kiwis y cerezos. Este artículo explora en profundidad los factores que explican esta proyección, los desafíos que enfrenta la industria y las implicancias económicas del crecimiento de este cultivo.
Chile ha logrado construir una industria agroexportadora competitiva gracias a varios factores estructurales:
Ventajas climáticas y geográficas que permiten múltiples ciclos productivos.
Accesos comerciales preferenciales (arreglos de libre comercio con más de 60 países).
Cadenas logísticas y de frío eficientes, que permiten acceso oportuno a mercados lejanos.
Normativas fitosanitarias y de calidad elevadas, que responden a exigencias de los mercados más estrictos.
A partir de estos cimientos, la agroexportación chilena ha crecido de forma sostenida en volumen y valor, con un enfoque cada vez más orientado hacia cultivos con valor agregado, estacionalidad extendida y complementariedad con otros países productores del hemisferio.
Actualmente, productos como uva de mesa, arándanos, cerezas frescas, manzanas y kiwis constituyen la columna vertebral de las exportaciones agrícolas chilenas. Sin embargo, entre ellos, los arándanos sobresalen por su alto crecimiento sostenido y fuerte proyección hacia 2026.
Los arándanos han experimentado un crecimiento impresionante en la última década, impulsados por la creciente preferencia del consumidor por alimentos saludables, funcionales y ricos en antioxidantes. Mercados como Estados Unidos, Europa y Asia particularmente China han aumentado de forma sostenida sus importaciones de berries frescas, creando una demanda global robusta y resiliente.
Este crecimiento de la demanda global es uno de los factores clave que explican por qué los arándanos se proyectan como el cultivo de mayor expansión agroexportadora para Chile en 2026:
Mayor consumo per cápita en mercados desarrollados.
Expansión de la temporada de consumo gracias a campañas globales de marketing saludable.
Integración en canales de retail y foodservice con demanda constante y creciente.
En los últimos años, la superficie dedicada al cultivo de arándanos ha crecido de manera significativa en regiones como Valparaíso, O’Higgins y Maule, donde las condiciones climáticas y de suelo permiten óptimos rendimientos. La proyección para 2026 es que esta superficie aumente aún más, con inversiones orientadas a:
Variedades de alta productividad y adaptabilidad al mercado.
Sistemas de manejo poscosecha que prolongan la vida útil del fruto.
Tecnificación de huertos con sistemas de riego de precisión.
Chile ha logrado posicionar sus exportaciones de arándanos en ventanas que complementan la producción de países competidores del hemisferio norte (como México y Perú). Esto permite que la fruta chilena llegue a mercados internacionales cuando la oferta de otras regiones es más limitada, aumentando su valor comercial.
La industria ha invertido en:
Sistemas de manejo poscosecha y frío que reducen pérdidas y mantienen calidad.
Tecnologías de trazabilidad, cada vez más exigidas por importadores internacionales.
Logística multimodal eficiente, que reduce tiempos de transporte desde zonas productoras hasta mercados finales.
El crecimiento proyectado del arándano en 2026 tiene importantes repercusiones para la economía chilena:
Los arándanos no son solo un producto fresco; muchos envíos incluyen productos con valor agregado (como arándanos IQF, congelados o procesados), lo que amplía las oportunidades comerciales y mejora la rentabilidad para los productores y exportadores.
El cultivo de arándanos es intensivo en mano de obra, especialmente en etapas clave como cosecha y clasificación. Esto contribuye al fortalecimiento del desarrollo rural y la formalización laboral en zonas productoras, con impacto positivo en comunidades locales.
El dinamismo de este cultivo ha atraído inversiones privadas tanto nacionales como extranjeras, especialmente en infraestructura de frío, tecnología agrícola y gestión de riesgos climáticos.
Si bien los arándanos son el cultivo con mayor proyección, la agroexportación chilena en 2026 también muestra tendencias interesantes en otros rubros:
Cerezas frescas: continúan siendo un producto estrella, con fuerte demanda en mercados asiáticos, particularmente durante la temporada de fin de año.
Uvas de mesa: mantienen un volumen de exportación muy importante gracias a su calidad constante y mercados consolidados.
Kiwis y manzanas: presentan crecimiento estable, aunque con menor ritmo frente a los berries.
Aguacate (palta): ganando terreno, aunque la proyección de expansión es más moderada frente al liderazgo de los arándanos.
Pese a su prometedora proyección, el crecimiento del arándano enfrenta una serie de retos:
Uso eficiente del recurso hídrico, en un contexto donde el estrés hídrico afecta amplias zonas productoras.
Presión ambiental, que exige prácticas agrícolas sostenibles y certificaciones ambientales para acceder a mercados premium.
La inversión en sistemas poscosecha y logística requiere capital significativo, lo que plantea desafíos para pequeños y medianos productores.
Riesgos climáticos y variabilidad de mercados, que pueden afectar la rentabilidad y continuidad de campañas.
Países como Perú, México y Sudáfrica fortalecen su presencia en el mercado de berries, intensificando la competitividad y exigiendo eficiencia constante a los productores chilenos.
Los arándanos se perfilan como el cultivo de agroexportación con mayor proyección de crecimiento en Chile para 2026, gracias a la confluencia de ventajas competitivas, demanda global saludable y una cadena de valor cada vez más sólida y tecnificada.
Más allá de cifras, este crecimiento representa una oportunidad para consolidar el liderazgo chileno en la agroexportación de productos frescos de alto valor, con un enfoque orientado a la sostenibilidad, innovación y expansión hacia nuevos mercados de alto poder adquisitivo.
Si bien existen desafíos importantes, el sector tiene las herramientas técnicas, logísticas y comerciales para afrontarlos y consolidar una industria más competitiva, resiliente y diversificada hacia el futuro.