Bolivia se encuentra ante una oportunidad histórica para transformar su sector agrícola, especialmente en el cultivo de soya, uno de los pilares de su economía agroexportadora. Según recientes análisis y discusiones del sector productivo, la adopción de biotecnología avanzada en semillas de soya podría elevar la productividad del país en hasta un 30 %, permitiéndole acercarse e incluso igualar los rendimientos de los principales países del Mercosur como Brasil, Argentina y Paraguay, que actualmente están entre los líderes en producción de este cultivo en Sudamérica.
El cultivo de soya en Bolivia ha enfrentado durante años una brecha productiva frente a sus pares regionales del Mercosur. Mientras las naciones como Brasil logran rendimientos promedio cercanos a tres toneladas por hectárea, Bolivia se ha mantenido cerca de dos toneladas por hectárea, una diferencia significativa que representa una desventaja competitiva de alrededor del 30 %. Esta brecha no se explica únicamente por factores climáticos o de suelo, sino por restricciones en el acceso a variedades de soya con tecnología genética mejorada, que en otros países han permitido mejores rendimientos, tolerancia a plagas y eficiencia de recursos.
Especialistas y técnicos del sector agropecuario sostienen que, con la habilitación regulatoria y el acceso a eventos biotecnológicos de última generación, Bolivia podría cerrar esta brecha productiva y generar un salto cualitativo en la producción sojera. Esto no solo elevaría la competitividad de los agricultores bolivianos frente a mercados internacionales, sino que también fortalecería la seguridad alimentaria y la capacidad de exportación del país.
La adopción de biotecnología en la soya no solo influiría en mayor rendimiento por hectárea, sino también en una serie de beneficios técnicos y económicos:
Reducción de costos de producción, ya que las semillas mejoradas suelen necesitar menos insumos para obtener mejores resultados.
Uso más eficiente de agua y recursos agrícolas, lo que se traduce en beneficios ambientales.
Fortalecimiento de la balanza comercial exportadora, con mayor volumen de producción listo para ser vendido a mercados internacionales.
De acuerdo con informes previos, el incremento en productividad podría generar un excedente exportable significativo a mediano plazo, aportando fuertemente al Producto Interno Bruto (PIB) del país y dinamizando la economía rural.
La discusión sobre biotecnología en Bolivia no es únicamente técnica, sino también política y social. Históricamente, el debate entorno a los organismos genéticamente modificados (OGM) ha estado influenciado por posturas que priorizan la soberanía alimentaria, la protección de los sistemas agrícolas tradicionales y la preservación de la diversidad biológica.
Sin embargo, sectores productivos como la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo) promueven la adopción de tecnologías biotecnológicas como una herramienta clave para elevar la competitividad del país. La organización, junto con otros actores del sector agrícola boliviano, ha planteado la necesidad de una regulación que equilibre la seguridad sanitaria con el acceso a innovaciones tecnológicas que beneficien la producción.
En los próximos meses, el sector agrícola de Bolivia se prepara para eventos y encuentros donde se debatirá más profundamente la incorporación de biotecnología. Iniciativas como ferias agropecuarias y espacios de diálogo entre productores, investigadores y autoridades buscan construir un consenso técnico sobre cómo implementar estas tecnologías de manera responsable y eficiente.
Además, la experiencia de otros países del Mercosur en la gestión y regulación de biotecnología agrícola podría servir como referente para Bolivia, permitiendo trazar un camino que combine innovación, sostenibilidad y desarrollo rural.
La posibilidad de incrementar en hasta 30 % la producción de soya mediante la adopción de biotecnología representa una oportunidad significativa para Bolivia. Este avance no solo le permitiría acercarse a los altos niveles de productividad de los países del Mercosur, sino que también tiene el potencial de transformar el sector agrícola nacional, modernizar prácticas productivas y potenciar su participación en los mercados internacionales.