El Gobierno de Brasil reafirmó que la formalización del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) constituye una prioridad geopolítica estratégica para el país, al considerar que su alcance trasciende lo estrictamente económico. Así lo manifestó el ministro de Finanzas, Fernando Haddad, quien subrayó que el tratado es clave para el posicionamiento internacional de Brasil, la diversificación de mercados y el fortalecimiento de sectores productivos fundamentales, especialmente el agroindustrial.
Según Haddad, el acuerdo Mercosur–UE debe entenderse como una herramienta de integración geopolítica, capaz de consolidar alianzas estratégicas entre Sudamérica y Europa en un contexto global marcado por tensiones comerciales, fragmentación de cadenas de suministro y competencia entre bloques económicos. Para Brasil, avanzar en este tratado permitiría reforzar su rol como actor relevante en el comercio global, ampliando su influencia en la definición de reglas internacionales.
El ministro destacó que la apertura de mercados europeos no solo impulsaría las exportaciones brasileñas, sino que también atraería inversiones, transferencia tecnológica y cooperación en áreas como sostenibilidad, innovación y transición energética.
El sector agrícola es uno de los principales beneficiarios potenciales del acuerdo. Brasil es un líder mundial en la producción y exportación de soja, carne bovina y aviar, azúcar, café y biocombustibles, y el acceso preferencial al mercado europeo representa una oportunidad estratégica para consolidar y diversificar destinos de exportación.
No obstante, el proceso ha estado acompañado de debates y resistencias, tanto en Europa como en Brasil. En el ámbito europeo, algunos países han expresado preocupaciones sobre estándares ambientales, trazabilidad y competencia para los agricultores locales, mientras que en Brasil ciertos sectores productivos demandan garantías y salvaguardias para evitar impactos negativos en segmentos más vulnerables.
Las declaraciones de Haddad se producen en medio de un momento político sensible para las negociaciones, con discusiones activas en el Parlamento Europeo sobre mecanismos de control y salvaguardias para importaciones agrícolas del Mercosur. A pesar de ello, el gobierno brasileño insiste en que el acuerdo puede ser equilibrado y beneficioso para ambas partes, siempre que se respeten los compromisos ambientales y sociales asumidos.
Brasil ha señalado su disposición a dialogar y ajustar aspectos técnicos, sin perder de vista el objetivo central de cerrar un acuerdo largamente negociado que lleva más de dos décadas en discusión.
Desde la perspectiva brasileña, la concreción del acuerdo también fortalecería al Mercosur como bloque, consolidando la integración regional y aumentando el peso negociador de Sudamérica frente a otras potencias económicas. Haddad enfatizó que el tratado puede convertirse en un pilar para el desarrollo económico sostenible, fomentando exportaciones con mayor valor agregado y encadenamientos productivos.
Asimismo, el acuerdo es visto como una señal de estabilidad y previsibilidad para los mercados internacionales, en un contexto donde la seguridad alimentaria y la sostenibilidad se han convertido en prioridades globales.
De cara a 2026, el gobierno brasileño confía en que el avance del acuerdo Mercosur–UE permitirá ampliar oportunidades para el agro, la industria y los servicios, al tiempo que posiciona a Brasil como un socio estratégico confiable para Europa. El desafío será conciliar intereses productivos, ambientales y sociales, garantizando que los beneficios del tratado se distribuyan de manera equilibrada.
Con esta postura, Brasil deja claro que el acuerdo con la Unión Europea no es solo una negociación comercial, sino una apuesta geopolítica de largo plazo, destinada a redefinir su inserción internacional y a fortalecer el papel del país como potencia agroindustrial y económica en el escenario global.