Un envío estratégico para la campaña 2025–2026
El volumen exportado representa un avance significativo dentro de la campaña 2025–2026, considerada una de las más sólidas de los últimos años debido a la estabilidad térmica que permitió una maduración favorable y una disminución de pérdidas en campo. La uva peruana, especialmente las variedades Sweet Globe, Crimson, Autumn Crisp, Jack’s Salute y Red Globe, mantiene una creciente aceptación en supermercados de Estados Unidos, donde se valora su jugosidad, sabor equilibrado y tiempo prolongado de vida en anaquel.
Además, el calendario de cosecha peruano que entra con fuerza entre noviembre y marzo coincide perfectamente con la ventana en la que otros competidores globales enfrentan menor disponibilidad o condiciones climáticas adversas. Esto posiciona al país como proveedor clave durante los meses de mayor consumo en Norteamérica, impulsados por la temporada navideña, Año Nuevo y las primeras semanas del nuevo ciclo escolar en diversos estados.
Competitividad: tecnología, resiliencia y reconversión productiva
La región de Ica ha demostrado, durante más de dos décadas, una notable capacidad para adaptarse a los cambios tecnológicos y a las exigencias internacionales. La modernización de sus fundos ha permitido incorporar:
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Riego de alta precisión, reduciendo costos de agua en un territorio naturalmente árido.
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Sistemas de monitoreo climático, que anticipan variaciones de temperatura y humedad.
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Prácticas de poda y conducción avanzada, lo que mejora uniformidad y rendimiento por planta.
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Estandarización en sistemas de empaque, garantizando inocuidad y trazabilidad completa.
Estos avances han permitido que los exportadores icónicos de la región mantengan la competitividad frente a gigantes como Chile, México, Sudáfrica y Australia, obteniendo certificaciones internacionales como GlobalG.A.P., GRASP, HACCP y protocolos de USDA-APHIS.
Impacto económico para la región y el país
El embarque de más de 1.200 toneladas genera un impacto significativo en toda la cadena productiva:
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Más de 25.000 familias en Ica dependen directamente de la producción de uva de mesa.
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Cada campaña genera miles de empleos temporales en cosecha, selección y empaquetado.
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La actividad fomenta la movilización del transporte especializado, incluyendo camiones refrigerados y operadores logísticos certificados.
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Los ingresos por exportación fortalecen la economía regional e incentivan nuevas inversiones en infraestructura, plantas de frío, centros de acopio y tecnología agrícola.
En términos macroeconómicos, el envío contribuye al crecimiento de las exportaciones no tradicionales, que representan un pilar fundamental para la diversificación económica del país.
Un mercado cada vez más exigente, pero lleno de oportunidades
Ingresar a Estados Unidos implica cumplir con estándares rigurosos de la Food and Drug Administration (FDA) y del Departamento de Agricultura (USDA). La uva de mesa debe pasar por rigurosos procesos de inspección, certificación fitosanitaria y control de residuos, además de garantizar prácticas laborales responsables y sostenibles.
El hecho de que las empresas peruanas mantengan un acceso fluido a este mercado demuestra no solo el nivel tecnológico de la producción nacional, sino también el compromiso continuo con la mejora de procesos y la transparencia en la cadena de suministro.
Perspectivas para lo que resta de la campaña
Los analistas del sector proyectan que la campaña 2025–2026 podría cerrar con un incremento de entre 8% y 12% respecto al año anterior, sustentado en:
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Mayor rendimiento por hectárea.
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Reducción de pérdidas por eventos climáticos.
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Introducción de nuevas variedades con mayor valor comercial.
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Expansión de mercados secundarios como Canadá, Corea del Sur, Reino Unido y Emiratos Árabes Unidos.
Estados Unidos seguirá siendo el destino principal de la uva peruana, representando cerca del 45% de los envíos totales, seguido por la Unión Europea y otros países latinoamericanos.
Conclusión: un hito que reafirma el liderazgo peruano
El envío de más de 1.200 toneladas de uva de mesa desde Ica no solo es una operación comercial relevante, sino también una señal clara del dinamismo del agro peruano. Representa la capacidad del país para competir en mercados de alto valor, mantener estándares internacionales y continuar expandiendo su reputación como productor confiable de alimentos frescos.
Con este resultado, Ica vuelve a posicionarse como uno de los motores agrícolas más importantes del Perú y como un ejemplo de innovación, resiliencia y desarrollo sostenible aplicado a la agroexportación.