La llegada de miles de aficionados argentinos a Texas con motivo del Mundial de Fútbol encendió una disputa que va más allá de lo deportivo: la calidad de la carne vacuna producida en ambas regiones —dos de las más importantes del mundo en ganadería bovina— se convirtió en el centro de un debate que involucra a productores, consumidores y funcionarios del sector.
Dos modelos productivos, dos perfiles de carne
La principal diferencia entre ambas producciones radica en el sistema de alimentación del ganado. En Argentina, los bovinos se crían predominantemente en praderas abiertas con alimentación a pasto, lo que genera una carne más magra, con sabores terrosos más pronunciados y un proceso de engorde más prolongado. En Texas y en el resto de Estados Unidos, el sistema se basa mayoritariamente en la alimentación con granos, lo que favorece un mayor marmoleo —vetas de grasa intramuscular— que aporta jugosidad, terneza y un perfil de sabor más dulce.
Según datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), Estados Unidos ocupa el segundo lugar en producción mundial de carne de res, solo superado por Brasil, mientras que Texas encabeza el ranking a nivel nacional. Argentina, por su parte, se ubica en el sexto lugar global.
Posiciones encontradas entre productores y consumidores
Sid Miller, comisionado de Agricultura de Texas, sostuvo que la carne estadounidense no tiene rival, aunque reconoció la calidad del producto argentino. Miller señaló que su agencia abrió hace más de una década una oficina de mercadotecnia para vincular a ganaderos texanos con productores sudamericanos.
«Les faltaba genética. Sí los hemos llevado a una calidad bastante alta. Les vendimos mucho semen, embriones y animales reproductores», afirmó Miller, al tiempo que destacó que los hatos argentinos actuales incorporan genética estadounidense.
En sentido opuesto, Carlos Eduardo Barahona, cocinero argentino con más de dos décadas de experiencia en restaurantes de Argentina, Uruguay y Texas, defendió la superioridad del producto sudamericano.
«Puedes hacer un asado con el corte más barato en nuestro país y lo vas a disfrutar. Acá lo haces de la mejor carne y puede ser duro e incomible. Nuestra carne tiene un sabor completamente diferente», explicó Barahona a la agencia AP.
Diferencias en técnicas de preparación y precio
El debate no se limita a la materia prima: las tradiciones culinarias también divergen de forma notable. En establecimientos argentinos radicados en Texas, como el restaurante Corrientes 348 Argentinian Steakhouse de Dallas, los cortes se preparan exclusivamente con sal y carbón de mezquite. En contraste, la cocina texana incorpora mantequilla, pimienta y salsas tipo barbacoa como elementos habituales en la preparación del bife.
En cuanto al precio, Gonzalo Herrera, aficionado argentino presente en Texas durante el torneo, advirtió que cuatro filetes T-bone le costaron 45 dólares en un supermercado de Arlington, y estimó que en Argentina podría obtener una calidad equivalente a la mitad del valor.
Contexto ganadero y perspectiva de mercado
La discusión entre ambos modelos productivos refleja dinámicas más amplias del mercado internacional de proteína animal. La transferencia de genética bovina desde Estados Unidos hacia Argentina, documentada por el propio comisionado Miller, ilustra el nivel de intercambio técnico y comercial que existe entre ambos países en el sector pecuario. La comparación adquiere relevancia en un momento en que la demanda global de carne de calidad diferenciada continúa en expansión, y en que tanto Argentina como Estados Unidos buscan posicionar sus productos en mercados de alto valor agregado.