El Gobierno de Bolivia oficializó en marzo de 2026 la autorización de la soya transgénica HB4, una variedad genéticamente modificada que se incorpora al modelo agroindustrial del país más de dos décadas después de que se introdujera la soya RR. La medida fue anunciada por el ministro de Planificación del Desarrollo y Medio Ambiente, Fernando Romero, durante la Exposoya, el principal evento tecnológico del sector organizado por la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (ANAPO).
Un paquete tecnológico que incluye herbicidas más potentes
La aprobación de la soya HB4 no se limita a la semilla. Según el economista ambiental Stasiek Czaplicki, la variedad viene acompañada de un paquete de insumos químicos que incluye el glufosinato de amonio, un herbicida prohibido en la Unión Europea por considerarse presunto tóxico para la reproducción humana.
«No se trata solo de una semilla, sino de un paquete tecnológico que permite fumigar el cultivo con un herbicida más tóxico sin dañarlo. El uso intensivo del glifosato generó malezas resistentes y la respuesta ha sido escalar hacia agroquímicos más fuertes», señaló Czaplicki.
El glifosato, comercializado por Monsanto junto con la soya RR aprobada en 2005, fue catalogado como «probablemente cancerígeno para humanos» por la Organización Mundial de la Salud en 2014. De los 15 plaguicidas más importados por Bolivia en 2023, 13 están prohibidos en otros países, según datos citados por el mismo investigador.
Importación de plaguicidas se quintuplicó en dos décadas
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) registró que la importación de plaguicidas en Bolivia se multiplicó por cinco entre 2005 y 2022, período que coincide con la expansión del cultivo de soya transgénica en el país. Un tercio del área cultivada nacional está actualmente destinada a esta oleaginosa, aunque los rendimientos siguen siendo inferiores a los de Argentina, Brasil y Paraguay.
Especialistas consultados atribuyen esa brecha productiva al modelo extensivo predominante, que prioriza la apertura de nuevas tierras sobre la mejora de la productividad en suelos ya intervenidos. Según Czaplicki, cada año se abandona cerca del 20% del área sojera por degradación del suelo, y esa pérdida se compensa incorporando nuevas tierras, en muchos casos mediante deforestación.
Contaminación de alimentos y presencia de agroquímicos en población
Un estudio de 2024 de la Fundación Agrecol Andes determinó que el 43% de los alimentos agrícolas analizados en Cochabamba contenían al menos un plaguicida de una lista de 27 agroquímicos detectados en las muestras. A esto se suma una investigación de 2025 de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), que encontró presencia de glifosato en el organismo del 100% de las 244 personas evaluadas en Santa Cruz de la Sierra.
Elizabeth Vargas, investigadora de la Plataforma Boliviana Frente al Cambio Climático, señaló que los residuos de plaguicidas se han detectado también en cultivos tradicionales de comunidades indígenas como tomate, lechuga y otras verduras, además de en la cadena avícola a través de la torta de soya utilizada como alimento animal.
Contexto institucional y próximos pasos
El ministro Romero ejerció la presidencia de ANAPO entre 2023 y 2025, antes de asumir su cargo en el gabinete del presidente Rodrigo Paz, quien tomó posesión hace cinco meses. Otro integrante del gabinete, el ministro de Desarrollo Productivo, Rural y Aguas, Óscar Justiniano, proviene también de la agroindustria como expresidente de la Cámara Agropecuaria de Industria. Organizaciones civiles advirtieron que el ingreso de la soya HB4 debería haber pasado por el Comité Nacional de Bioseguridad, en cumplimiento del Protocolo de Cartagena ratificado por Bolivia mediante la Ley 2274, sin que conste un dictamen formal de dicho organismo.