La provincia del Guayas, uno de los principales motores agrícolas de Ecuador, se ha convertido en un ejemplo claro de la consolidación del llamado régimen alimentario corporativo, un modelo caracterizado por la especialización productiva en cultivos agroindustriales orientados a la exportación y el creciente protagonismo de empresas proveedoras de insumos, crédito y tecnología en la agricultura. Así lo evidencian los resultados del Censo Agropecuario 2025, analizados recientemente por el Observatorio del Cambio Rural (OCARU). Según el estudio, la agricultura ecuatoriana ha experimentado profundas transformaciones en las últimas décadas. Desde finales del siglo XX, el sistema agroalimentario del país ha estado cada vez más integrado a los mercados globales, lo que ha favorecido la expansión de monocultivos destinados a la exportación y el uso de paquetes tecnológicos intensivos en insumos agrícolas. Este proceso ha fortalecido la influencia de grandes empresas agroindustriales y proveedores de insumos, cuyo poder en muchos casos supera la capacidad regulatoria de los Estados.
Uno de los cambios más relevantes identificados por el censo es la modificación en la distribución del uso del suelo en la provincia. En las últimas dos décadas se ha registrado una reducción de la superficie destinada a actividades agropecuarias, al mismo tiempo que el número de predios se ha duplicado. Este fenómeno se explica, en parte, por la conversión de tierras rurales hacia otras actividades económicas, especialmente la acuicultura.
Para 2024, Guayas concentraba aproximadamente el 65 % de las hectáreas autorizadas para camaroneras en Ecuador, con unas 135 mil hectáreas destinadas a esta actividad. Esta expansión ha limitado la disponibilidad de tierras para la agricultura, aunque paradójicamente también se observa una ampliación de la frontera agrícola hacia nuevas áreas.
En los últimos 25 años, además, se ha registrado una reducción de 14 puntos porcentuales en la superficie ocupada por bosques y montes, mientras que la destinada a cultivos permanentes se ha duplicado y los cultivos transitorios han aumentado de forma significativa.
El censo confirma una creciente especialización agrícola en Guayas. A inicios del año 2000, cinco cultivos —arroz, maíz duro seco, banano, cacao y caña de azúcar— ocupaban cerca del 63 % de la superficie agrícola de la provincia. Para el año 2025, estos mismos cultivos ya representaban el 88 % del total de la superficie cultivada, lo que evidencia una fuerte concentración productiva.
Entre ellos, el cacao ha mostrado el crecimiento más significativo, duplicando su superficie sembrada en comparación con los datos del censo anterior. Paralelamente, se ha observado la desaparición progresiva de sistemas tradicionales de asociación de cultivos, como el fréjol cultivado junto al maíz, cuya superficie ha disminuido en más de dos mil hectáreas.
Este fenómeno refleja la tendencia hacia modelos agrícolas especializados que responden principalmente a las demandas del mercado internacional y de la agroindustria.
El informe también evidencia un aumento en el uso de insumos agrícolas y paquetes tecnológicos en el campo ecuatoriano. Aunque más de la mitad de las unidades productivas agropecuarias (UPA) utilizan semillas nativas, el uso de fertilizantes y pesticidas sigue siendo elevado.
En 2025, el 21,36 % de las explotaciones agrícolas emplea fertilizantes orgánicos y el 12,86 % utiliza controles biológicos para plagas, lo que representa avances hacia prácticas más sostenibles. Sin embargo, también se reporta que el 4,5 % de los plaguicidas utilizados son de riesgo muy alto y el 38,8 % de riesgo moderado, lo que genera preocupación sobre los impactos ambientales y sanitarios.
La producción de arroz destaca como una de las actividades más intensivas en insumos. Solo este cultivo utilizó cerca de 1,3 millones de sacos de fertilizantes en 2025, lo que refleja la fuerte dependencia tecnológica del sector.
El acceso al crédito también ha experimentado transformaciones importantes. Mientras que en el año 2000 el financiamiento agrícola estaba principalmente dirigido a la producción de cultivos, para 2025 el crédito se destina mayoritariamente a la compra de insumos.
Actualmente, BanEcuador se ha consolidado como la principal fuente de financiamiento agrícola, en línea con políticas públicas orientadas a impulsar determinados cultivos estratégicos. Al mismo tiempo, las empresas proveedoras de insumos han incrementado su participación como financiadoras del sector, fortaleciendo su influencia en la estructura productiva del agro.
Además, el Estado ha ampliado su participación en la asistencia técnica. Mientras que en el año 2000 su presencia no superaba el 15 %, para 2025 las instituciones públicas, principalmente el Ministerio de Agricultura y el INIAP, proveen cerca del 41,9 % de los servicios de extensión agrícola.
En cuanto a la comercialización, el principal obstáculo para los productores ya no es la intermediación, como ocurría en décadas anteriores. El censo revela que la inseguridad se ha convertido en el mayor problema para el sector agrícola, afectando al 36,3 % de los productores.
Otros factores relevantes son el estado de las vías rurales (25,4 %) y los bajos precios de los productos agrícolas (24,9 %). Estas dificultades varían según el tamaño de las unidades productivas, pero afectan tanto a pequeños agricultores como a grandes productores.
Otro aspecto preocupante es el envejecimiento de la población rural. Según los datos del censo, más del 90 % de los productores agrícolas tienen más de 64 años, lo que plantea interrogantes sobre el relevo generacional en el campo ecuatoriano.
A pesar de ello, las pequeñas unidades productivas siguen siendo fundamentales para la generación de empleo. Las explotaciones menores a cinco hectáreas emplean a más de 161 mil personas, mientras que las grandes fincas de más de 200 hectáreas generan menos de 16 mil puestos de trabajo, lo que evidencia la importancia social de la agricultura familiar.
En conclusión, los resultados del Censo Agropecuario 2025 muestran que la provincia del Guayas refleja claramente la consolidación de un modelo agroalimentario corporativo, caracterizado por la concentración de cultivos, la dependencia de insumos y la articulación entre Estado y agroindustria para promover determinados sistemas productivos.
Si bien este modelo ha permitido fortalecer la capacidad exportadora del país, también plantea importantes desafíos relacionados con la sostenibilidad ambiental, la diversidad productiva, la seguridad alimentaria y el futuro de la agricultura familiar en Ecuador.