El sector agrícola chileno ha experimentado avances importantes en los últimos años, impulsados por una estrategia orientada a fortalecer la competitividad internacional, abrir nuevos mercados y modernizar las instituciones que respaldan las exportaciones del país. Así lo destacó la ministra de Agricultura de Chile, Ignacia Fernández Gatica, quien realizó un balance de su gestión al frente de la cartera, resaltando logros que han permitido consolidar la reputación del país como proveedor confiable de alimentos para el mundo. La autoridad definió su periodo como un proceso “desafiante y transformador”, en el que el objetivo central fue fortalecer la confianza internacional en la producción agrícola chilena. Bajo esta visión, el enfoque no se limitó a incrementar los volúmenes de exportación, sino a posicionar a Chile como un actor competitivo en materia de sostenibilidad, estándares sanitarios y calidad productiva.
Uno de los principales logros mencionados en el balance fue la apertura de más de 70 mercados internacionales para productos agrícolas chilenos, lo que permitió ampliar las oportunidades de exportación para productores y empresas del sector.
Esta expansión comercial ha sido clave para consolidar la presencia de productos chilenos en mercados estratégicos, especialmente en Asia, Europa y América del Norte. Frutas frescas, semillas, hortalizas y frutos secos forman parte de una oferta exportadora que continúa ganando terreno en el comercio global.
Gracias a estas políticas de apertura comercial y fortalecimiento institucional, las exportaciones silvoagropecuarias del país crecieron 6,5 % durante el período reciente, alcanzando cifras históricas superiores a 20.500 millones de dólares en 2024.
Entre los productos que más contribuyeron a este crecimiento se encuentran las cerezas, manzanas y uvas de mesa, cultivos que han consolidado la posición de Chile como uno de los principales exportadores frutícolas del hemisferio sur.
Otro eje central de la gestión fue el fortalecimiento del sistema sanitario y de control agrícola, considerado clave para mantener la confianza internacional en los productos chilenos.
En este contexto, el gobierno impulsó una modernización del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), organismo encargado de supervisar la sanidad vegetal y animal del país y de certificar las exportaciones agrícolas.
Las mejoras incluyeron la incorporación de nuevas tecnologías para el diagnóstico de plagas y enfermedades, el refuerzo de los controles fronterizos y la implementación de sistemas digitales de certificación fitosanitaria y zoosanitaria.
Asimismo, se avanzó en procesos de certificación electrónica y sistemas “paperless”, herramientas que permiten reducir tiempos administrativos, mejorar la trazabilidad de los productos y facilitar el comercio internacional.
Durante el período analizado también se fortaleció la colaboración entre el sector público y privado, considerada fundamental para impulsar la competitividad del agro chileno.
La estrategia incluyó programas orientados a modernizar los sistemas productivos, mejorar la logística de exportación y fortalecer la capacidad de respuesta ante desafíos sanitarios, climáticos o comerciales que puedan afectar al sector.
En este sentido, la ministra destacó la importancia de anticiparse a posibles crisis agrícolas, como plagas, fenómenos climáticos extremos o interrupciones en las cadenas logísticas internacionales.
El enfoque adoptado busca que la política agrícola chilena no solo reaccione ante emergencias, sino que desarrolle capacidades de prevención y adaptación frente a escenarios cada vez más complejos para la producción de alimentos.
Uno de los mensajes centrales del balance de gestión es que la competitividad del agro ya no depende únicamente del volumen de producción, sino también de la sostenibilidad ambiental y la reputación internacional.
En un mercado global cada vez más exigente, los consumidores, distribuidores y autoridades sanitarias demandan productos que cumplan altos estándares de calidad, trazabilidad y sostenibilidad.
En este contexto, Chile ha buscado posicionarse como un proveedor confiable, capaz de cumplir con normas fitosanitarias estrictas y garantizar la inocuidad de los alimentos que exporta.
Esta estrategia ha sido clave para mantener el acceso a mercados internacionales altamente regulados, donde la reputación sanitaria y la confianza comercial son factores determinantes.
A pesar de los avances alcanzados, el sector agrícola chileno enfrenta desafíos importantes para los próximos años. Entre ellos se encuentran el cambio climático, la escasez hídrica, el aumento de los costos de producción y la necesidad de fortalecer el desarrollo rural.
Asimismo, especialistas coinciden en que será fundamental continuar impulsando la innovación tecnológica, mejorar la infraestructura logística y ampliar la diversificación de mercados para mantener la competitividad internacional del país.
En este escenario, la experiencia acumulada durante la gestión de la ministra Ignacia Fernández deja instaladas bases importantes para el desarrollo del sector agrícola chileno, en un contexto global donde la seguridad alimentaria, la sostenibilidad y la confianza comercial se han convertido en factores clave para el comercio internacional de alimentos.